Henry David Thoreau dijo: “La mayoría de los hombres viven vidas de tranquila desesperación”.
Ellos desconocen por qué esas situaciones de desventura e infelicidad se originan en sus vidas; buscan el escape a los problemas entregándose al alcohol, el trabajo excesivo, o comiendo o durmiendo demasiado. Algunos caen enfermos, pues la huida es más fácil que el coraje. Y todavía hay otros que resisten y luchan continuamente con la vida. Para esas gentes, vivir es justamente una sucesión de problemas. Dondequiera puede encontrarse gentes fracadas, y muchas desilusionadas. Sin embargo, yo estoy satisfecho(a) de poder decir que hay también muchas personas que son felices.
Ahora bien; toda persona, sea ella afortunada o fracasada, utiliza la mente. Unos las utilizan para llegar al triunfo y otros para hundirse en el fracaso. La diferencia está en el uso que hacen de ese poder mágico. Nadie tiene por qué sentirse frustrado, débil, desanimado o infeliz; ni tiene por qué vivir en la pobreza, triste o solo. Nadie debe ser fracasado.
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